Nunca he pilotado un Formula 1 y, por lo tanto, nunca he tenido la oportunidad de estrellarme contra un muro a 300 km. por hora en una curva. El pasado sábado 30 de marzo de 2019 a eso de las 20:00 viví una sensación muy parecida… o al menos eso me pareció a mí.

Estaba en el maravilloso escenario del Oceanogràfic de Valencia compartiendo mi charla TEDx con más de 450 personas, viviendo esa increíble oportunidad que solo pasa una vez en la vida, ¡LANZANDO MI MENSAJE AL MUNDO! Todo estaba listo: mi mujer, mi hija, mis amigos… Era EL momento.

Empecé algo tenso y me fui soltando poco a poco. Cuando sentía que todo fluía llegó el minuto 14, y con él, el DRAMA. Empiezo a enumerar los 5 puntos que constituyen un Hospital Optimista y al llegar al cuarto punto… el vacío… la nada… incapaz de recordar cual era el cuarto punto…

Me vi a mí mismo desde arriba, buscando palabras, igual que cuando buscas tus llaves de casa desesperadamente y te conviertes en presa del pánico. En esos momentos, pasas a formar parte de una película a cámara lenta, un matrix de esos… Tu coche está yendo a 300 km. por hora, te has quedado sin frenos y la curva se acerca…

No hay margen para pensar. ¡Solo puedes reaccionar!

 

Errar es el mejor maestro

 

He aquí lo que aprendí de mi accidente:

 

1. Cuando hablas en público, no debes enumerar dando una cifra concreta.

Estas cavando tu propia tumba. Es un básico de técnicas de comunicación. Lo sé. Pero caí en el error. ¿Qué me costaba decir: “Las características de… son…”? ¡Nada! Seguro que no me vuelve a pasar… ¡O no!

 

2. El éxito se planifica.

Yo llevaba 18 versiones del guion de un mensaje que había repetido en público decenas de veces en los cuatro últimos años. Para públicos muy diferentes y con enfoques adaptados. Pero este día era EL día…  Me había esforzado como nunca para tratar de alcanzar la máxima sencillez. Envié el guion a muchos amigos y me había obligado a repasar mil veces todos los conceptos. No me preocupaba en exceso el hecho de tener que hablar en público.

¿Qué pasó?  Mala suerte. Una semana laboral planificada para tener todo el tiempo del mundo de entrenamiento y sucede un imprevisto … Y la semana “relax” se convierte en un sprint donde apenas tienes tiempo para pensar.

Ensayé una vez, el viernes. El sábado por la mañana a recortar el guion. Me fui “cantando” la charla a mi hija de camino al Oceanogràfic el sábado por la tarde, poco recomendable para los nervios.

Aprendizaje: Si quieres éxito seguro, planifica con el doble de margen.

 

3. Eres el único que conoce el guion.

Nadie sabe lo que vas a contar. Por lo tanto, nadie tiene expectativas. No pasa nada si te olvidas de algo. La gente no se va a acordar de las 4, 5 o 55 características. La gente se va a acordar de cómo les hiciste sentir, de las emociones que les provocaste. El fondo de la cuestión lo habrán olvidado en unos días. En cambio, de tu energía, de tus valores, del sentido de tu mensaje sí que se van a acordar.

 

4. Sé tú mejor amigo.

Esto sí que lo me sabía. Y esto es lo que me salvó…

Hace ya mucho tiempo que he cambiado mi mapa mental. Ya no me sudan las manos antes de subir al escenario ni siento un nudo en el estómago. Con el tiempo he aprendido a no comportarme como mi peor enemigo. He trabajado mucho para aplacar mi saboteador interno. Gracias al mindfulness he aprendido a perdonarme, a vivir con mis imperfecciones.

He aprendido a pensar de forma benevolente: ¿Qué te diría tu mejor amigo en este momento?

Seguro que no haría un drama de lo que te está pasando y buscaría unas palabras amables para animarte. Nadie decide pasar un sábado por la tarde escuchando a diez ponentes que comparten sus experiencias vitales deseando que lo hagan mal. No tiene sentido. Solo tu saboteador te está invitando a pensar lo contrario.

Ese cambio de mapa mental es lo que me salvó. Sentí algo como: “estas 450 personas quieren que lo haga bien. Me quieren ayudar”. Metido de lleno en mi mundo matrix, me escuché decir: “Me estoy bloqueando… por favor… un aplauso para animarme” y ganar tiempo para encontrar el cuarto punto…

Me gané el cariño del público, gané tiempo, pero el maldito cuarto punto no apareció.

 

5. Ha pasado. ¡Acéptalo!

Claro que me he quedado un pelín fastidiado por haberme trabado. No he conseguido mi objetivo al 100%. Pero no pasa nada. La vida no es perfecta. Yo tampoco. No podemos frustrarnos por las cosas que no salen como queríamos. Hay que enfocarse siempre en algo positivo. Eso es el optimismo. De hecho, mi último aprendizaje nace del “error”:

 

6. Del éxito no se aprende nada, del fracaso sí.

Vivimos obsesionados por ofrecer nuestro mejor perfil en las redes sociales, presos de una cultura en la cual nos avergonzamos de nuestros fracasos.  Para los orientales la palabra crisis es sinónimo de crecimiento y nos hemos olvidado de que errar es el mejor maestro. ¿Estaría aquí escribiendo este post si me hubiese acordado del cuarto punto? ¡Pues claro que no!

Lo dicho: Abrazad vuestros errores. Aprended de ellos para crecer.

Os deseo un montón de Cuartos Puntos.

Con afecto.
Florent

 

Florent Amion

Presidente de la Fundación Hospital Optimista

 

 

PD: Si quieres saber cuál era el puñetero cuarto punto… pincha aquí.

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