Rosa Valente de Matos es ex secretaria de estado de Sanidad en Portugal y lleva años en la gerencia y organización de los sistemas públicos de salud. Su interés en generar organizaciones saludables y la importancia que le da a la motivación y alineación de los equipos humanos, le hicieron fijarse en el libro Soñando con un Hospital Optimista, escrito por el presidente de la Fundación Hospital Optimista, Florent Amion y a escribir un artículo en el diario Público portugués sobre el tema. Ahora somos nosotros quienes queremos conocer su visión sobre las organizaciones optimistas y aprender de una figura tan relevante en el mundo de la sanidad que ya ha decidido poner su granito de arena para cambiar las cosas.

¿Cómo evalúa el nivel de salud psico-social de las organizaciones sanitarias en Portugal? ¿Mejor o peor que hace 10 años?

Tras la crisis financiera y económica internacional, que tuvo un fuerte impacto en Portugal, las organizaciones sanitarias se han enfrentado a una difícil situación de falta de inversión y estancamiento en la última década, que sólo recientemente ha sido posible comenzar a revertir. Este contexto de contención ha tenido consecuencias a nivel psicosocial en las organizaciones, un terreno en el que los indicadores tardan más en recuperarse que en el plan de inversión financiera. Además, el sector de la salud está más expuesto a una diversidad de factores de riesgo que, si no se controlan adecuadamente, pueden provocar más incidentes, desmotivación, descontento y enfermedades profesionales. Hoy en día, todos somos más conscientes de la importancia que tiene la salud mental para las organizaciones sanitarias y para la sociedad en general, por lo que cada vez tenemos más políticas que fomentan entornos de trabajo saludables y medidas conciliadoras en la vida personal y profesional.

¿Cuáles son las consecuencias positivas o negativas que observa?

El capital humano es el activo más preciado de una organización. Sin gente no pasa nada. Este es un ejemplo y una lección que nos llega de varios sectores de actividad, más allá del área de la salud. Es cierto que la desinversión en carreras y proyectos profesionales tuvo consecuencias en el compromiso de las personas con las organizaciones en las que trabajan. En el Servicio Nacional de Salud, este efecto, sin embargo, fue minimizado en gran medida por profesionales extremadamente dedicados que, incluso en condiciones muy alejadas de los estándares ideales, continuaron “poniéndose la camiseta del Servicio Nacional de Salud” y haciendo más de lo que deberían para mantener una respuesta cercana y de calidad a nuestros ciudadanos.

¿El SNS cuenta con las herramientas necesarias para poner en marcha el cambio hacia una gestión más humanizada?

El camino que estamos tomando es complejo.  Los cambios no se sienten y no ocurren inmediatamente o a corto plazo. Necesitamos una estrategia bien definida y completa que esboce un camino que nos permita continuar honrando la historia de éxito de 40 años del NHS y construir lo que la Fundación Hospital Optimista tan bien designa como organizaciones optimistas.
La legislación actual todavía no es lo suficientemente flexible como para que podamos avanzar con una estrategia global para modernizar la forma en que valoramos y apreciamos a nuestros profesionales. Necesitamos una amplia reforma de las normas de contratación y gestión de recursos humanos vigentes hoy en día en la Administración Pública, que reconozcan el carácter excepcional del área de la salud, tanto por la alta diferenciación de sus profesionales como por la contribución que aporta a la sociedad en su conjunto. Para empezar a cambiar esta situación, aún como Secretaria de Estado de Sanidad, determiné la creación de un grupo de trabajo multidisciplinar que, de acuerdo con las normas actuales, elaboró un plan de acción para el bienestar en el lugar de trabajo con medidas en los principales frentes: conciliación de la vida profesional y personal; mejora de los lugares de trabajo; implicación y participación de los trabajadores; promoción de estilos de vida saludables.

¿Por qué debemos invertir en este camino y luchar por la creación de entornos saludables en los que los profesionales desarrollen sus habilidades?

La construcción de lugares de trabajo saludables tiene consecuencias tanto para la salud y el bienestar de los trabajadores como para las economías de las organizaciones y los países. La Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que el entorno de trabajo debe entenderse cada vez más como un espacio potencial para la promoción de la salud y la prevención de enfermedades. Varios estudios nacionales e internacionales han demostrado sistemáticamente que las condiciones de trabajo tienen un fuerte impacto en la salud mental y física de los trabajadores, lo que, por consiguiente, también tiene un fuerte impacto en la sociedad y la economía, a través de la forma en que se ven afectadas la producción y la productividad.

¿Supone para el SNS un esfuerzo económico o le es rentable dar este giro?

Este cambio es, sobre todo, muy necesario debido al impacto positivo en el bienestar. El país y la sociedad necesitan personas y organizaciones felices. No pasamos por alto la importancia del impacto financiero de todas las medidas que tomamos, y en este caso concreto las cifras también están de nuestra parte. La evidencia científica demuestra que las acciones que previenen, por ejemplo, el estrés laboral, así como la reducción de costes, tienen varios beneficios. El grupo de trabajo que designé en el informe que presenté indicó que cada euro invertido en la implementación efectiva de programas de intervención que apoyan a los empleados con problemas psicológicos de salud produce un rendimiento que corresponde a un aumento de la productividad cinco veces mayor (Hilton, 2004). En el Reino Unido, el National Institute for Health and Clinical Excellence (2009) estimó que las pérdidas de productividad podrían reducirse al menos en un 30% y dar lugar a un ahorro anual de 292.100 euros en una organización con 1.000 empleados. Estas intervenciones tienen un impacto directo en la reducción del ausentismo y en la mejora de la productividad. Un estudio encargado por la EU-OSHA mostró que el retorno generado por los programas de promoción psicológica de la salud en el trabajo a lo largo de un año puede alcanzar los 13,62 euros por cada euro gastado en estos programas (Matrix, 2013).

¿Cuál cree que puede ser la respuesta del profesional sanitario portugués a participar de este cambio?

Los trabajadores están dispuestos a participar en estos procesos de cambio. De hecho, las investigaciones han demostrado sistemáticamente que cuando los empleados se sienten apoyados y valorados, tienden a tener mayores niveles de bienestar, mayores niveles de rendimiento, concentración y motivación, y mayores niveles de implicación y compromiso con los objetivos de la organización. Personas felices y sanas permiten crear y hacer crecer organizaciones optimistas, dando lugar a un círculo virtuoso al servicio de profesionales y usuarios.

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