Desarrollar el sentido del humor

Desarrollar el sentido del humor

“La vida es demasiado importante como para tomársela en serio”

Oscar Wilde

Es difícil encontrar a alguien que no reconozca que el sentido del humor es algo muy valioso: un antídoto al estrés, un regalo para los demás, un estímulo para la creatividad y un sinfín de etcéteras. Pero muchas personas ponen reparos a la hora de aplicarlo, y uno de los más comunes es creer que “no tengo sentido del humor”. O sea, que flojean en capacidades como apreciar el humor que nos rodea, de usar el ingenio para jugar y bromear y de compartir la diversión con los demás. Hay mucha gente que se cree deficiente en este tipo de habilidades, como si el humor fuera un don especial que sólo algunas personas afortunadas, probablemente muy pocas, poseen.

Esta creencia está muy extendida, y a veces me pregunto si no se estará propagando entre la población como una especie de virus de la solemnidad. Quizás uno de los motivos es que vivimos en una sociedad en la que el ocio es una “actividad” cada vez menos activa y más pasiva. Hace sólo tres generaciones, antes de la televisión o incluso la radio, la mayoría de los entretenimientos eran participativos. Para divertirse la gente se reunía alrededor de una plaza, de una mesa o de un fuego y contaban cuentos, recitaban chistes, cantaban canciones y practicaban el antiguo arte de la conversación.

Evidentemente todo esto aun existe, pero se observan cada día nuevas pruebas de su degradación, como sucede con el medio ambiente natural y la progresiva desaparición de las especies. Nos hemos acostumbrado a que nos entretengan con películas, programas de televisión, videojuegos y todo tipo de saraos en los que sólo hacemos de público sentadito y formal. Como mucho, aplaudimos. Y así, de la misma manera que estamos perdiendo la capacidad de sumar dos y dos, porque los cálculos nos los hace la calculadora, estamos perdiendo también el sentido del humor porque la comedia nos la sirven en bandeja los cómicos profesionales.

El terror a los chistes

Contar chistesEn mis talleres sobre el  humor, cuando pregunto “¿a cuántas personas se les da fatal contar un chiste?”, aproximadamente un 95% levanta la mano. ¿Significa esto que sólo el 5% de la población posee sentido del humor? En absoluto. Primero, porque los chistes son sólo un tipo de humor muy particular, y todos conocemos a personas muy divertidas que no cuentan chistes nunca. Pero además resulta que la mayoría de las personas que afirman tajantemente no poder contar chistes (añadiendo habitualmente la coletilla de que “en cuanto me los cuentan, se me olvidan”) con muy poco entrenamiento demuestran ser en realidad bastante competentes.

Lo que sucede normalmente es que cuando intentamos contar un chiste, que quizás hemos oído hace ya algún tiempo, tratamos de reproducirlo sin haberlo ensayado ni una sola vez. El secreto de los chistes es que requieren práctica, porque deben exponerse en un tiempo breve y medido y siguiendo una estructura lingüística muy concreta. Si alguien se aventura a contar un chiste sin la suficiente preparación previa, lo más normal es que se estrelle bochornosamente, reforzando su idea de que es “incapaz” de contar chistes. Pero si lo practica cinco o diez veces, de tal manera que es capaz de recitarlo con absoluta naturalidad, es posible que consiga hacer estallar de risa a quienes lo escuchan. Y lo mismo puede decirse del humor en general: no es tanto que tengamos o no tengamos, sino que lo usamos más o menos.

 

El humor: Patrimonio de la humanidadMujer sonriente

No hay nadie que carezca totalmente de sentido del humor. La prueba es que todos hemos sido alguna vez niños o niñas, y sabemos que cuando lo fuimos, bastaba con cuatro sillas y una sábana para montar un circo de tres pistas, asaltar un castillo embrujado, o surcar los siete mares a bordo de un barco pirata. Todo el mundo sabe divertirse, jugar y disfrutar con lo que Chaplin llamaba “el juguete más maravilloso”: la mente humana. Esa capacidad lúdica es lo único que nos hace falta para emplear el humor, y es algo que todos heredamos en nuestro código genético.

Pero evidentemente, una cosa es el patrimonio biológico que heredamos y otro lo que hacemos con él. El humor es como un músculo que podemos ejercitar y desarrollar para tenerlo siempre a punto y listo para trabajar, o que podemos olvidar y dejar que se atrofie. ¿Practicas el juego diariamente? ¿Buscas oportunidades para divertirte? ¿Te reúnes con amistades que te permiten “hacer el tonto”, bromear y “tomarse el pelo” mutuamente? ¿Te comunicas con los niños pequeños y los animales? ¿Cuentas cuentos? ¿Haces teatro? ¿Dibujas garabatos? ¿Dices tonterías? ¿Bailas? ¿Cantas?

Y hablando de cantar…

Te sugiero un ejercicio para poner tu sentido del humor a prueba. Escoge una canción que te guste y un asunto que te esté rondando en estos momentos por la cabeza (si es algo que te preocupa o te moleste, mejor). Ahora trata de ir cambiando la letra de la canción para reflejar el tema que has elegido. El truco es tratar de que suene lo más parecido posible al original. Y no te preocupes que no sea perfecto, ni te salga nada a la primera: experimenta, prueba, y saca a relucir hasta tus peores ideas (a menudo las más divertidas).

Nariz de clownYo me inventé una hace algunos años, durante un tráfico espantoso un sábado de mucho calor (en un coche sin aire acondicionado). Hay que imaginársela con la música de la canción de Ketama “No estamos lokos”: “Si no estamos locos / Muy pronto lo estaremos / Esta autovía / Es como un aparcamiento / Pero que nunca termina / Menudo aburrimiento / ¡Y sudaré! / ¡Ay sí yo su-da-ré!”. Según te vaya saliendo y lo vayas cantando, te garantizo que te vas a reír y vas a comprobar que también tú tienes sentido del humor. A mí esa hora de tráfico se le pasó volando. Y si no te sale, puedes recurrir al plan B: sacar la nariz de payaso de la guantera.

Verdades y mitos sobre el humor y la salud

Verdades y mitos sobre el humor y la salud

Siempre se ha dicho, y parece de sentido común, que “la risa es sana”. El médico Thomas Sydenham afirmaba en el siglo XVII que “La llegada de un buen payaso ejerce una influencia más beneficiosa sobre una ciudad que la de veinte burros cargados con medicinas”. Existe un auténtico ejército de risoterapeutas que aseguran, como Patch Adams, que “la risa es un antídoto para todos los males”. Se han publicado cientos de libros y artículos sobre el poder curativo del humor, un tema que evidentemente resulta atractivo en los medios de comunicación.

En las últimas décadas, la ciencia médica ha puesto estas intuiciones a prueba, comprobando que efectivamente contienen un núcleo de verdad. Pero en esto también hay bastante “fake news”.

 

Efectos curativos

No está demostrado aún que la risa haya curado ninguna enfermedad. Las únicas «pruebas» que existen en este sentido son puramente anecdóticas, pero algunas han adquirido el estatus de leyenda, como en el caso de Norman Cousins. A este periodista le diagnosticaron una enfermedad de los huesos llamada espondilitis anquilosante, que provoca una dolorosa inflamación y la progresiva rigidez de la columna vertebral.

Insatisfecho con la incapacidad de los médicos para buscarle una solución a su problema, se mudó del hospital a un cómodo hotel y se recetó una dieta de comida natural, vitamina C y videos de películas de los Hermanos Marx. Cousins descubrió que 10 minutos de risa le proporcionaban hasta dos horas de sueño sin dolor. Y, al parecer, con el tiempo se curó de esta enfermedad supuestamente «incurable».

¿Tuvo algo que ver la risa en esta curación? Es posible, pero también puede ser que el factor crítico no fueran las películas de los Hermanos Marx, sino la vitamina C, algún aspecto de su alimentación, el efecto placebo, la decoración de su suite, la composición química de las tuberías de su ducha, las devotas oraciones de su panadero, los duendes mágicos que habitaban en un bosque cercano…

En definitiva, no sabemos por qué el hombre se curó, ni se ha demostrado empíricamente que la risa frene o disminuya el progreso de la espondilitis anquilosante. Hay quienes dudan, de hecho, de que Norman Cousins realmente tuviera esta enfermedad, y suponen que probablemente sus médicos se equivocaran en la diagnosis.

 

Longevidad y salud en general

Sabemos que la gente más optimista es más longeva. Y también la gente que experimenta más emociones positivas. Sin embargo, en el caso del sentido del humor, la cosa no está tan clara. En el mayor estudio realizado hasta la fecha, sus 65.000 participantes rellenaron una medida del sentido del humor y un cuestionario exhaustivo sobre indicadores de salud, pero no se encontró ninguna correlación positiva (excepto en el caso de la satisfacción con la salud). Un estudio posterior del mismo investigador sí encontró una relación significativa entre sentido del humor y mayor longevidad, pero solo hasta los 65 años.

Sin embargo, existen varios otros estudios (uno de ellos el estudio longitudinal más largo hasta la fecha) que, sorprendentemente, han encontrado una relación negativa entre el humor y la salud: ¡las personas que puntuaron más alto en una escala de humor presentaban un cuadro médico peor! Al parecer, esto se debía a una asociación entre el sentido del humor y un estilo de vida más despreocupado que incurría en hábitos poco sanos: fumar, beber, comer en exceso, practicar sexo sin tomar precauciones, etc. O sea, que quizás la gente con un alto sentido del humor tienda a ser gente disfrutona, digámoslo así, y menos prudente que la media.

Humor y longevidad

Esta combinación queda perfectamente plasmada en la figura del humorista y vividor norteamericano P.J. O’Rourke, quien traiciona su salud (física, psicológica e incluso moral) con frases como ésta:

Nómbrame, si puedes una sensación mejor que la que obtienes cuando tienes media botella de Chivas en el saco, te has metido un gramo de coca por la nariz, y la belleza del asiento de al lado se quita el top mientras que sobrepasas los 160 kilómetros por hora en una calle residencial.

Evidentemente, no todos los «sentidos del humor» valen a la hora de reforzar la salud. Si nos tomamos el cuidado del cuerpo a la ligera o incluso vivimos la vida misma como un juego hedonista y desenfrenado, es probable que cualquier beneficio que obtengamos por reír más se vea contrarrestado por nuestros hábitos nocivos. Por otro lado, ¿es más importante vivir más años o disfrutar más de la vida? He ahí una gran cuestión existencial.

 

Reducción del estrés

Lo que sí está demostrado ampliamente es que el humor puede considerarse un auténtico antídoto al estrés —incluso algo más potente que el ejercicio físico vigoroso según algunos estudios. Por lo tanto podemos hablar de un efecto positivo indirecto del humor sobre la salud.

El estrés inhibe el sistema inmunológico, un mecanismo de defensa que nos protege de todo tipo de amenazas, y además causa el desgaste progresivo del sistema circulatorio. Por estos dos motivos, no es de extrañar que se asocie a todo tipo de condiciones médicas: resfriados, dolores de espalda, diabetes, apendicitis, infecciones respiratorias, artritis, herpes, problemas de corazón y ciertos tipos de cáncer.

Mediante el control del estrés, un buen sentido del humor debería en principio prevenir ciertas enfermedades, favorecer la recuperación y contribuir, en definitiva, a una mejor salud. Quizás en el futuro logremos pruebas más directas de esta posible relación.

 

Beneficios fisiológicos específicos

Numerosos estudios han tratado de comprobar si el humor produce cambios fisiológicos saludables, más allá de la reducción del estrés. Algunos ejemplos: estimulación del sistema inmunitario, reducida sensibilidad a las alergias, menor presión sanguínea y otros beneficios para el sistema cardiovascular.

Sin embargo, a pesar del bombo que los medios de comunicación han dado a algunos de estos estudios, que supuestamente prueban que «la risa es sana», en realidad los resultados empíricos en este campo son a menudo contradictorios, confusos o cuestionables.

Por ejemplo, mientras que un estudio ampliamente citado encontró aumentos en la ratio de células T auxiliares-supresoras y actividad de células NK (Natural Killer, destructoras naturales) con la exposición a comedia, otro estudio similar (¡pero menos citado!) no replicó el hallazgo del ratio de células T y encontró una disminución de la actividad de células NK.

Parte del problema es que hasta fecha no ha habido mucha financiación para este tipo de estudios (que suelen ser bastante caros), y los investigadores pioneros se han tenido que contentar con diseños muy deficientes a nivel metodológico: pocos participantes, grupos de control inadecuados y otros problemas.

 

Efecto Analgésico

Otro beneficio terapéutico muy concreto del humor es su capacidad para elevar la tolerancia al dolor físico, probablemente por la liberación de endorfinas. En este caso, la observación de Norman Cousins de que la risa tiene un efecto analgésico se ha confirmado una y otra vez. Las personas que escuchan un audio cómico antes de sufrir un dolor son capaces de soportarlo durante más tiempo que aquellas que escuchan otros tipos de materiales.

Homor y salud

Estos estudios indican que el efecto analgésico tarda algunos minutos en aparecer y que puede durar hasta 30 minutos después de haber finalizado el estímulo humorístico. Se trata de un efecto de intensidad leve, ya que en un estudio de campo en un entorno hospitalario se observó que el visionado de películas cómicas reducía las peticiones de analgésicos leves (de tipo aspirina) pero no las peticiones de otros productos más fuertes. También se ha establecido que el efecto no depende de cuánta risa se expresa, sino más bien del sentimiento subjetivo de hilaridad –de hecho, si se intenta exagerar la risa intencionadamente, la tolerancia al dolor disminuye en vez de aumentar.

Curiosamente, el efecto analgésico no se limita sólo al humor y otras emociones positivas, sino que se ha observado también en el caso de emociones negativas. En un experimento, los participantes que visionaron películas trágicas, del horror o desagradables soportaron el dolor al mismo nivel que aquellos que visionaron películas cómicas. Quizás sea un efecto común a cualquier emoción fuerte. En cualquier caso, y teniendo en cuenta los otros efectos positivos del humor, parece más prudente recetar a un enfermo una comedia de Toni Leblanc y Concha Velasco que una película de zombis antropófagos.

 

Efectos psicológicos

Como hemos visto, los efectos más claros del humor sobre la salud tienen que ver más con la mente que con el cuerpo: la reducción del estrés y la tolerancia al dolor. Y no son los únicos. Diversos estudios han comprobado que el humor funciona como un antídoto, en general, a las emociones y estados negativos, mientras que promueve el bienestar y el optimismo, al menos en el corto plazo.

La risa es una de las experiencias más placenteras de la vida. El doctor Allen Reiss y su equipo de investigadores de la Universidad de Stanford han comprobado que el disfrute del humor estimula los centros de recompensa mesolímbicos y libera la dopamina, una droga natural que nos obsequia con placer al obtener un bien preciado o deseado. El sistema dopaminérgico se activa, por ejemplo, cuando una persona obtiene una ganancia inesperada de dinero o cuando observa un rostro atractivo. Por lo tanto, puede ayudarnos a “endulzar” momentos difíciles, tanto propios como ajenos.

Numerosos psicólogos han considerado el humor como un valioso mecanismo de defensa ante los embistes de la vida. Para Sigmund Freud, por ejemplo, el mensaje del humor es el siguiente:

¡Mira! ¡Aquí tienes el mundo que parece tan peligroso! ¡No es más que un juego de niños, algo sobre el cual podemos bromear!

Un ejemplo muy claro de ello sucedió durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial en Londres, muchas tiendas colgaban en sus escaparates carteles que decían “Open as Usual” (Abiertos como de costumbre). Cuando una bomba destruyó un edificio comercial, una tienda quedó totalmente destrozada. Sólo quedaba en pie una pared del negocio. Y fue justamente ahí donde el dueño colgó un cartel con el mensaje: “More Open Than Usual” (¡Más abierto de lo habitual!).

En las últimas décadas, se han acumulado numerosas evidencias de que un buen sentido del humor efectivamente nos permite ser más resilientes y gozar de mayor bienestar psicológico a largo plazo. Sin embargo, hay que diferenciar en este caso entre estilos de humor positivos y negativos, una innovación del investigador canadiense Rod Martin. El humor agresivo, por ejemplo, no está asociado con efectos beneficiosos, sino más bien con un mayor neuroticismo y peores relaciones interpersonales.

Pero un sentido del humor que busca contagiar la risa y el buen humor por doquier, y a enfrentarse a la vida con una perspectiva cómica, sin duda es un elemento importante del verdadero bienestar y la salud plena. No es que vaya a curarte de nada, pero puede ayudar a cualquier paciente a ser mucho más “paciente”, y a disfrutar más de camino a la recuperación.

La inteligencia emocional en los equipos sanitarios

La inteligencia emocional en los equipos sanitarios

 

El último miércoles de julio Florent y Alberto se reunieron virtualmente para ofrecernos una nueva conversación en torno al tema propuesto en el último módulo presentado en el campus de la Fundación Hospital Optimista: la inteligencia emocional* 

Y para hablar de ella, y de cómo gestionarla adecuadamente puede ayudar a los profesionales de la salud, contaron con la participación de Miguel Ángel Díaz, el profesor que ha impartido este módulo online.  

Miguel Ángel es psicólogo, especialista en RRHH y prevención de riesgos laborales; además es presidente de ASNIE (Asociación Nacional de Inteligencia Emocional), una organización que pretende difundir y promover el uso de la inteligencia emocional en la sociedad.  

La gestión de las emociones es especialmente importante para las “personas que trabajan en contacto con personas” y en particular para los sanitarios que lo hacen con pacientes y sus familias, que se encuentran en situaciones de especial vulnerabilidad… que no están en su mejor momento anímico. Para los sanitarios esto supone una carga emocional muy intensa que puede ir erosionando a los profesionales si no logran gestionarlo bien. 

 

El libro de Goleman 

Para comenzar la conversación, Florent recordó su primer contacto con la inteligencia emocional a través del libro “La práctica de la inteligencia emocional” de Daniel Goleman. En esta obra de finales de los 90 el autor americano presenta este nuevo concepto.  

Florent recordó los factores determinantes de la inteligencia emocional que estableció Goleman:  

  • Conocer las emociones propias y las de los demás 
  • Gestionar las emociones propias 
  • Automotivarse 
  • Relacionarse adecuadamente con las personas 

 

La inteligencia emocional en los equipos sanitarios 

Florent quiso conocer el punto de vista de los sanitarios a través de la opinión de Alberto, que confirmó que esta es una de las claves para lograr un bienestar en el trabajo. Alberto puso el ejemplo de los vasos comunicantes: 

Si no somos capaces de analizar nuestro comportamiento en el trabajo y no lo relacionamos con el resto de facetas de nuestra vida, es difícil cambiar las cosas

Alberto también hizo una comparación entre la inteligencia emocional y una receta de cocina: Todos tenemos los ingredientes, pero la clave está en la cantidad y del equilibrio de los condimentos. 

Alberto nos contó cómo, durante mucho tiempo, dentro de los hospitales se ha dado importancia a los conocimientos técnico-científicos, pero se han dejado un poco de lado esos factores más intangibles pero que pueden ser claves para evitar situaciones como la del burnout, que afecta a tantos profesionales de la salud.  

En este sentido, es importante que los líderes del sector sanitario se hagan responsables de su propia situación y la de sus equipos, incluyendo una gestión consciente de la inteligencia emocional: manteniendo los ojos bien abiertos y cuidando de las emociones. 

Florent quiso conocer de la mano de Miguel Ángel, como experto en recursos humanos tanto en el mundo empresarial como en el sector sanitario, las diferencias que existen entre el mundo corporativo y el de la sanidad; y el lugar que tiene la inteligencia emocional en ambos sectores. 

 

Herramientas sencillas para gestionar la inteligencia emocional 

Miguel Ángel nos contó que, en general, “a la gente se la contrata por sus conocimientos y se la despide por su falta de habilidades”; y es que la inteligencia emocional es un conjunto de habilidades que hace al profesional mejor, más efectivo.  

También apuntó que, en los más de 20 años que han pasado desde la publicación del libro de Daniel Goleman que Florent citaba al comienzo de la conversación, el término “inteligencia emocional” ha envejecido mal… que se ha invertido poco en aterrizarlo, generando herramientas sencillas y útiles para los profesionales, tanto sanitarios como de otros sectores. 

Destacó el papel de los consultores y formadores que pueden facilitar ese acceso a ese conocimiento y trasladar la teoría a la práctica más inmediata del día a día en las organizaciones, convirtiendo ese conocimiento teórico en recursos fáciles de entender e implementar. 

Entre las herramientas que ofrece Miguel Ángel en el módulo ¿Cómo cultivar tu inteligencia emocional para mejorar tu bienestar en el trabajo?  del campus FHO está el “medidor de estados anímicos” (mood meter) que nos ayudará a identificar qué estamos sintiendo en un momento determinado, discernir si esa emoción nos puede ser útil o no, comprender cuál es su significado y el motivo de su aparición, y finalmente, aprender a gestionar dichas emociones de una forma correcta. 

 

Lo primero: identificar nuestras emociones 

Cualquier emoción, está compuesta por dos factores fundamentales: Una determinada cantidad de energía (hay emociones que nos activan más que otras) y una determinada cantidad de agradabilidad (hay emociones que resultan más agradables que otras).  

Las emociones no son solo buenas o malas… 

Si nos acostumbramos a calibrarnos de vez en cuando y nos preguntamos ¿Cómo estoy de energía ahora mismo de 0 a 10? Y ¿Cuán agradable es lo que siento ahora mismo de 0 a 10? Seremos capaces de encontrar las coordenadas que caracterizan a nuestra emoción, identificando la etiqueta que define lo que estamos sintiendo en estos momentos. Así seremos capaces de verbalizarlo y explicárselo a los demás. 

Además, una vez identificado lo que sentimos, podremos reflexionar sobre cómo nos condiciona eso que estamos sintiendo ahora mismo en nuestro comportamiento, puesto que nuestras emociones, nos invitan a responder de una manera determinada en situaciones concretas. 

Por ejemplo, si identificamos que estamos sintiendo enfado o ira y nos preguntamos ¿Para qué me puede servir esto que estoy sintiendo ahora en lo siguiente que voy a hacer?  

Las emociones contienen información en su interior:  surgen por un determinado motivo (desencadenantes) y siguen una serie de pautas concretas. Aprender a extraer toda esta información resulta clave para entender muchas situaciones a las que nos enfrentamos y tomar mejores decisiones.  

Miguel Ángel nos contaba que nuestros estados emocionales condicionan parte de nuestras habilidades cognitivas: la emoción que sentimos puede, por ejemplo, afectar nuestra capacidad creativa, nuestra capacidad de sonreír, de escuchar, de recibir feedback… Comprender de dónde viene este estado emocional es fundamental para abordarlo y potenciar nuestras habilidades. Para ser más efectivo y productivo. 

 

Conversación de optimistas. Inteligencia emocional 

La compasión 

Florent recalcó que la inteligencia emocional no solo sirve a los sanitarios para interactuar con sus compañeros de equipo, sino que también les ayuda a mostrar compasión hacia los pacientes: esa capacidad de entender el dolor ajeno y además actuar para aliviar ese dolor. 

 

 

 

 

La productividad en el entorno sanitario 

Miguel Ángel señaló que, en lo que concierne a la productividad, en la sanidad podemos quedarnos en un punto de vista meramente objetivo: número de pacientes diagnosticados y tratados. Pero también podemos ir más allá y observar una productividad subjetiva en la que los pacientes reconocen una calidad en el trato que reciben.  

Miguel Ángel citó algunas de las herramientas que nos ayudan a cultivar nuestra inteligencia emocional y que explica en detalle en el módulo del campus FHO. Y también nos dejó una frase que nos invita a profundizar en el autoconocimiento de nuestros sentimientos: 

         Para recibir hay que dar y para dar hay que tener… y uno da lo que tiene dentro.  

Por eso debemos cuidar eso que tenemos dentro desarrollando esa inteligencia emocional que nos ayuda a sacar lo mejor de nosotros mismos. 

 

*La Inteligencia emocional es la habilidad para reconocer y manejar los sentimientos propios y ajenos. Una alta Inteligencia Emocional favorece en gran medida las relaciones sociales y está detrás del éxito personal y profesional. 

 

El impacto de la Inteligencia Emocional en el entorno sanitario

El impacto de la Inteligencia Emocional en el entorno sanitario

Durante el siglo 21 se han sucedido muchos avances en neurociencia y en inteligencia emocional, áreas que nos permiten ser mucho más conscientes de lo que sucede a nuestro alrededor, identificar cómo nos afectan y encontrar caminos para gestionar esos estados emocionales de una forma correcta y saludable.

El papel de la Inteligencia Emocinal en el entorno sanitario

Dentro del sector sanitario, la mayoría de personas que trabajan en él, poseen un puesto de trabajo de riesgo desde el punto de vista emocional, ya que interactúan con personas que están sufriendo, en situaciones con una carga emocional muy intensa y esto nos va erosionando poco a poco, si no sabemos gestionarlo bien.

Como parte importante de nuestra vida, si en el trabajo nos vemos expuestos regularmente a emociones desagradables (ira, miedo, frustración, desánimo, etc), es muy posible que arrastremos dichos estados emocionales a otras áreas de nuestra vida y que poco a poco, vayamos cayendo en una espiral de emocionalidad negativa.

El desgaste emocional y cómo ponerle remedio

Ser conscientes de que sufrimos este desgaste emocional suele ser muy complicado, ya que habitualmente achacamos esas emociones a malas rachas, momentos complicados en el trabajo, picos de tareas o fechas tope que cumplir muy exigentes. Siempre encontramos una justificación para entender por qué nos sentimos tan cansados, tan irascibles y desanimados en algunas ocasiones.

Al no identificar esta situación, es muy complicado que podamos ponerle remedio o buscar ayuda de cualquier tipo a nuestro alrededor, lo que provoca que cada vez nos encerremos más en nosotros mismos y nos vayamos separando cada vez más de nuestra mejor imagen y de nuestro mejor desempeño, incluso llegando a dejar de disfrutar de nuestro trabajo como lo hacíamos hace tiempo.

Recursos que nos ayudan a ser conscientes

Para hacer frente a esta situación necesitamos herramientas, recursos que no nos han enseñado cuándo éramos pequeños y que tenemos que aprender de adultos. Sin embargo, tenemos que ser conscientes de que las necesitamos, encontrar el sitio adecuado para aprenderlas y luego tener una actitud positiva a la hora de utilizarlas.

El impacto de las emociones negativas

Las emociones negativas impactan 5 veces más que las positivas. Por eso, en muchas ocasiones se hace un esfuerzo desmedido por generar entornos de trabajo saludables y agradables. Porque el impacto de los sentimientos desagradables es mucho mayor y mucho más duradero.

Para combatir esta situación vamos a tener que aprender diversas herramientas que la inteligencia emocional nos ofrece para poder identificar mucho mejor lo que estamos sintiendo en un momento determinado; ser capaces de discernir si me puede ser útil o no en la siguiente tarea que voy a realizar, comprender cuál es su significado y el motivo de su aparición, y finalmente, aprender a gestionar dichas emociones de una forma correcta.

 

 

La seguridad psicológica, elemento clave para lograr auténticos equipos

La seguridad psicológica, elemento clave para lograr auténticos equipos

Hablemos de seguridad psicológica…

Alberto Sansón y Florent Amion nos ofrecieron ayer una nueva conversación de optimistas.

En esta ocasión, el tema tratado era el que se presentaba en el primer módulo que ha dado a conocer el campus FHO: ¿Tus colaboradores trabajan en el mismo servicio o jugáis en equipo? Descubre el concepto de seguridad psicológica y las claves para fomentarlo en tu unidad

Y para profundizar en este concepto, contaron con la presencia de dos de las alumnas que han realizado ya el módulo y que quisieron compartir sus opiniones y experiencias: Susana Varela, Supervisora de la UCI pediátrica del Hospital Materno Infantil Teresa Herrera de La Coruña y Mari Carmen Cuenca, enfermera de reanimación en el Hospital Universitari i Politecnic La Fe, de Valencia.

¿Qué es la seguridad psicológica?

Para poner en contexto, Florent, que es también el docente de este módulo, explicó en qué consistía lo que hemos dado en llamar seguridad psicológica (concepto descrito por la investigadora de la Universidad de Harvard, Amy Edmondson, en su obra The fearless organization):

Es fundamental que los miembros del equipo tengan la seguridad de que ninguno de sus compañeros o superiores les avergonzará o castigará por admitir un error, por hacer una pregunta o por presentar una nueva idea. Esta seguridad psicológica que sienten los miembros del equipo genera un ambiente creativo, participativo y de aprendizaje continuo.

Unidades que trabajan la seguridad psicológica sin ser conscientes de ello

Susana comentó que, ya antes de conocer este concepto a través del módulo, en su equipo multidisciplinar de UCI pediátrica ya se viene trabajando así desde hace años: Médicos, auxiliares, enfermeras… todos y todas se esfuerzan  por lograr esa anisada seguridad psicológica que les permita trabajar sin miedo a ser criticados por haber dicho o hecho determinadas cosas, y les ayude a progresar como profesionales; siendo capaces de reconocer un error, ya que este no deja de ser una oportunidad de aprender y mejorar.

También recalcó la importancia de acoger a los nuevos miembros que entran al equipo explicándoles cómo se trabaja en el servicio y cómo los errores forman parte de ese aprendizaje y adaptación al nuevo ecosistema de trabajo.

Florent estuvo de acuerdo con Susana en que en muchas ocasiones llegan a nosotros nuevos conceptos que nos hacen sentirnos identificados y pensar que esta ha sido nuestra manera de trabajar y nuestro objetivo desde hace muchos años. Es este, precisamente, el momento de plantearnos si de verdad lo estamos haciendo lo mejor que podemos o si tal vez sea posible ir un poco más allá y mejorar la cultura organizacional del equipo.

Y, en el caso de la seguridad psicológica, una forma sencilla de hacer un chequeo rápido del estado de nuestro equipo es seguir esta auditoría que se presenta en el módulo del campus FHO:

Auditoría seguridad psicológica

Nos ayudará a confirmar en 5 minutos si nuestro servicio disfruta de seguridad psicológica, y pondrá el debate sobre la mesa. Teniendo referencias comunes conocidas por todos los miembros del equipo.

Mari Carmen comentó que el módulo sobre seguridad psicológica (así como otros de los que se proponen en el campus FHO, con temas tan diversos como: inteligencia emocional, resiliencia, humor y salud…) tienen una indudable utilidad profesional, pero también podemos aplicar lo aprendido al ámbito personal, contribuyendo a mejorar ambas facetas de nuestra vida.

Las micro expresiones. Ese lenguaje corporal indeseable

Según apuntaba Florent, uno de los factores que determinan la seguridad psicológica, y que resulta difícil de controlar, son las micro expresiones de las que habla en este post.

En ocasiones no hace falta que hablemos para que alguien pierda la confianza. No solemos ser conscientes del mensaje que nuestro cuerpo envía constantemente.

Nuestro cuerpo comunica, aunque no lo hagamos verbalmente. Por eso debemos cuidar el lenguaje no verbal, esas expresiones involuntarias de la cara que pueden durar una fracción de segundo y echar por tierra la confianza de la persona con la que estamos hablando, mostrando desprecio, desconfianza, burla, etc.

Lo que Florent definió como “la micro sonrisa asesina” y Alberto amplió a “el whatsapp asesino”: cómo en muchas reuniones de equipo, distintas personas están constantemente mandando mensajes de crítica a los compañeros, generando un ambiente de burla y desconfianza hacia la persona que está hablando y a la que, evidentemente, no están prestando atención, si no es para burlarse.

Compartir sentimientos para aprender a jugar en equipo

Susana recalcaba la importancia de interesarse por conocer los sentimientos de los miembros del equipo: que sean capaces de identificar cómo se sienten. Y los líderes formales deben fomentar espacios de intercambio en los que sentarse a charlar y compartir valores y formas de trabajar que hagan que todos remen en el mismo sentido.

Mari Carmen expuso los problemas que se presentan en su unidad (reanimación de adultos del Hospital La Fe de Valencia), ya que, al ser un servicio muy grande que agrupa varios cientos de personas de distintas especialidades y categorías, resulta difícil de coordinar. Esto, unido a una infraestructura complicada y unas evidentes barreras arquitectónicas, hace que sea complicado “jugar en equipo” y, si bien existen distintos sub-equipos por categoría, es necesario coordinarlos en un gran equipo que reagrupe todos los eslabones.

En relación con esto, Florent mencionó los trabajos de Michael West, que recalca la importancia de generar una interdependencia estructural. Trabajar juntos sin importar categorías o especialidades para lograr unos objetivos compartidos y fomentando una verdadera reflexión común. Rompiendo los silos.

El médico que consultaba a las limpiadoras

Según comentó Susana, en su equipo han logrado convertir las sesiones clínicas en sesiones de equipo donde se habla de la evolución clínica del paciente, pero todos profesionales tienen algo que aportar y todas las voces son escuchadas.

A propósito de estos comentarios de Susana, Alberto recordó una anécdota que le sucedió cuando estaba en su tercer año de residencia: trabajando en una unidad de cuidados paliativos observó que un médico, tras la ronda de visitas a los pacientes, acudía a la zona donde estaban las limpiadoras y les preguntaba por determinados pacientes y su opinión relativa al estado en el que se encontraban y si, desde su punto de vista, necesitaban aumentar la dosis de analgésicos para hacer frente al dolor. Ese doctor no tenía ninguna duda de que esas opiniones tenían mucho valor, ya que la relación de los pacientes con las limpiadoras tenía una calidez humana, una confianza y una cercanía a la que los médicos raramente lograban acceder.

Una vez más, vemos un ejemplo de aquellos profesionales que llevan a la práctica la seguridad psicológica de un modo más o menos consciente. Por eso, los líderes deben ser motores del cambio y poner sobre la mesa esas buenas prácticas que ya existen para que se lleven a cabo de manera consciente y organizada.

 

 

¿Trabajas en un servicio sanitario o eres un auténtico jugador de equipo?

¿Trabajas en un servicio sanitario o eres un auténtico jugador de equipo?

Descubre el camino corto para fomentar el clima de seguridad psicológica en tu unidad.

Cuando uno sale pronto de casa por la mañana y se topa con una larga cola de coches de camino a su lugar de trabajo suele maldecir su suerte: “¡Vaya! ¡Otra vez lo mismo de siempre! ¡Pero qué hacen todos aquí! ¡Será posible!” etc.

Lo último que se nos ocurre pensar es que… nosotros somos el atasco.

El atasco nace de la acumulación de otras personas, quienes, como nosotros, han tomado la decisión de coger su coche en este preciso instante y pasar por el mismo sitio. Nadie tomó la decisión de alargar su camino al trabajo. Ni conspiraciones, ni dioses vengativos han intervenido en tu “mala suerte”.. Si quieres evitar el atasco, sal antes de casa.

Pasa algo parecido con el clima laboral. Si no corresponde a nuestras expectativas, en seguida estamos maldiciendo nuestra mala fortuna “¡Vaya! ¡Otra vez lo mismo de siempre! ¡Pero qué hacen todos aquí! ¡Será posible!” etc.

¿Te suena verdad? ¡Pues claro! Todo el mundo quiere que cambie la cultura y los valores del sitio donde trabaja, pero poca gente es consciente del peso que tiene en este cambio.

Y esto que lo que hay en juego es muy importante.

Michael West y su equipo, a través de un estudio (1) que implicó a 62.733 sanitarios de 147 hospitales con pacientes críticos, han caracterizado lo que significa “trabajar en el mismo servicio” en vez de trabajar como un auténtico equipo… y han demostrado que los profesionales que no trabajan como un auténtico equipo:

  • han sido testigos de más errores e incidentes
  • experimentaron más lesiones y enfermedades relacionadas con el trabajo
  • tenían más probabilidades de ser víctimas de violencia y acoso
  • niveles más altos de mortalidad de los pacientes
  • eran más propensos a dejar su empleo actual

Así mismo, las unidades en las cuales los profesionales no trabajan como un auténtico equipo conocen niveles más altos de mortalidad de los pacientes.

Conseguir “armar” un equipo con “jugadores” solidarios que están comprometidos en cuidarse entre ellos para ofrecer a sus pacientes la mejor experiencia posible es un asunto clave para el buen funcionamiento de una organización sanitaria.

En el módulo de formación que tienes a tu disposición en el campus FHO, podrás ver cuál es el listado completo de criterios que estos investigadores consideran necesarios para que se dé esta circunstancia.

Uno de ellos, es la capacidad de reflexionar juntos… de verdad…

En otro estudio (2), Michael West demuestra que, aunque los miembros del grupo pueden reunirse ocasionalmente para, de vez en cuando, compartir información, este intercambio de información se produce en gran medida por la costumbre, la obligación o el simple deseo de interacción interpersonal, y no porque exista un imperativo de rendimiento colectivo.

En resumidas cuentas, no es lo mismo celebrar reuniones que reflexionar juntos para progresar. No es lo mismo “ir a reuniones del servicio” a que exista una voluntad colectiva de aprendizaje y mejora continua.

La voluntad colectiva de aprender y progresar juntos es la marca de los auténticos equipos

En este punto, nace una nueva pregunta… ¿Cómo se fomenta este tipo de cultura de aprendizaje colectivo rápido?

Según la Profesora de la Universidad de Harvard, Amy Edmondson para conseguir esta cultura organizacional es fundamental que exista un clima de Seguridad psicológica.

La seguridad psicológica se define como “la creencia de que uno no será castigado o humillado por expresar sus ideas, preguntas, preocupaciones o errores”.

Si uno no se siente seguro en un grupo, es probable que  guarde sus ideas y evite hablar, incluso de los posibles riesgos para los pacientes. Además, si los errores cometidos sirven para rebajar su posición delante del equipo, evitará comunicarlos. Como consecuencia de este “ambiente” Hannes Leroy y su equipo han demostrado en el año 2012 a través de un estudio doble ciego hecho en Bélgica con 54 equipos de enfermería en 4 hospitales que:

  • Los equipos con mayor seguridad psicológica reportan más errores
  • Estos equipos buscan nuevas maneras de trabajar y aprenden colectivamente más rápidamente
  • Los equipos con mayor seguridad psicológica cometen menos errores

 

Por lo tanto, una baja seguridad psicológica obstaculiza tanto el rendimiento del equipo como la innovación, el aprendizaje y el éxito personal.

Para conseguir mejorar el clima de seguridad psicológica existen dos caminos: el camino largo y el camino corto.

El camino largo pasa por una transformación de la cultura de la unidad. Para arrancar este proceso es fundamental que el líder formal de la unidad fije una visión: La de convertir la unidad en una organización que aprende rápido.

Para que esto suceda el líder deberá de forma consistente en el tiempo fomentar:

  • los puntos de compartición de los aprendizajes
  • el registro de los aprendizajes
  • los valores propios de un buen trabajo en equipo: generosidad, escucha, empatía, etc.… a través de formaciones en habilidades blandas, tanto presenciales como digitales.

El camino corto empieza en ti. En que te conviertas en agente del cambio. Ser  consciente de la importancia que tiene la seguridad psicológica. Tener conciencia del impacto de tus comentarios sobre sus ideas o su desempeño.  Tu papel es asegurarte que los demás se sientan 100% confiados.  Fomentar el dialogo entre todos …compartir…

Y para ello no hay nada como ser consciente que no hace falta que hables para que alguien pierda esta confianza. Según German Gorriz: “Muchas veces no somos conscientes del mensaje que nuestro cuerpo envía constantemente. Crecemos creyendo que la genta «escucha» lo que decimos, y son influenciados o no en función del contenido de nuestro mensaje. Lo cierto es que nuestro cuerpo sigue comunicando, aunque nuestro discurso verbal haya terminado. Incluso puede que tiremos por la borda todo lo que hayamos dicho con un simple gesto (o micro gesto), y lo peor es que tal vez ni siquiera seamos conscientes” …” Dentro del universo del lenguaje no verbal, se encuentran las micro expresiones, que son expresiones involuntarias de la cara que pueden durar una fracción de segundo (1/25 segundos)” …” Por ejemplo, se puede identificar (junto al contexto y persona) si alguien está sonriendo realmente o de forma forzada o inventada, por el músculo que se encuentra al del ojo. Si este se activa o entrecierra, es real. El desprecio por ejemplo es más sencillo de identificar por la comisura del labio apretada, ligeramente levantada y la nariz fruncida.”

 

 

El secreto del camino corto: es ser consciente que tus micro expresiones son percibidas por todos a tu alrededor. Una leve sonrisa al escuchar un “error” de un compañero impacta directamente en el nivel de confianza de esta persona pudiendo llegar a impedir que repita.

¿Quieres seguir quejándote en el atasco? ¿Pasarte la vida maldiciendo tu mala suerte? O ¿Prefieres contribuir a la evolución positiva del clima laboral de tu unidad? Pues ya sabes, la pelota está en tu tejado. Compórtate como te gustaría que lo hicieran todos tus compañeros.

Así se comportan los agentes del cambio. Esas  personas que lideran los equipos hacia nuevas cotas. No esperan que los lideres formales de las organizaciones arranquen grandes planes a medio plazo. Optan por el camino corto con todo lo que está al alcance de su mano. Se ocupan por lo que pueden cambiar ellos. No se fijan en lo que no depende de ellos. Puedes empezar mañana mismo. Todo empieza con tu sonrisa.

 

 

 

 

Bibliografía

(1) 24-Karat or fool’s gold? Consequences of real team and co-acting group membership in healthcare organizations Joanne Lyubovnikova, Michael A. West, Jeremy F. Dawson & Matthew R. Carter https://doi.org/10.1080/1359432X.2014.992421

(2) Reflexivity, Effectiveness, and Mental Health in BBC-TV Production Teams Susan m. Carter, Michael A West https://doi.org/10.1177%2F1046496498295003

(3) The fearless organization Amy Edmondson https://fearlessorganization.com/

(4) Behavioral Integrity for Safety, Priority of Safety, Psychological Safety, and Patient Safety: A Team-Level Study Hannes Leroy & al https://www.researchgate.net/publication/230869101_Behavioral_Integrity_for_Safety_Priority_of_Safety_Psychological_Safety_and_Patient_Safety_A_Team-Level_Study

 

 

 

 

 

 

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